jueves, 22 de julio de 2021

CAMINO A LA VILLA

 

 

             



El amanecer encontró a los piratas avistando a menos de media legua todo el recinto monacal, y la gran torre ya construida para su defensa. Había también varios edificios más pequeños que parecían hechos provisionalmente para dar albergue temporal a algunas personas. A la puerta del edificio principal se podía vislumbrar lo que parecían un par de caballerías y tres o cuatro personas.

 

Ocultos entre la maleza, todos esperaron a ver lo que ocurría con esa miscelánea de animales y gente excepto Ahmed,  que ocultando su menudo cuerpo entre la maleza y las pocas rocas que había, fue acercándose sigilosa aunque rápidamente.


 

Al poco, regresó donde le esperaban el resto de los piratas y le comunicó a su jefe que había visto a un monje de habito negro y dos personas que parecían siervos, que habían tomado el camino de la villa junto con  dos mulas aparejadas con alforjas, que le habían parecido llenas, además en el momento en que se despedían del monje, este les había entregado una talega que debía contener algo importante, pues uno de los caminantes la había ocultado con mucha celo bajo sus ropajes. Y por lo que él podía intuir, se dirigían hacia la villa que distaba unas tres leguas a poniente. Y sí pretendían hacerse con ese botín, deberían darse prisa y atajarles en el camino que pasaba cerca de donde se hallaban ellos.

           

Al oír esto, el jefe de los salteadores, hizo gestos a su gente de que apresurasen el paso al mismo tiempo que les imponía silencio llevándose un dedo sobre los labios cerrados. Avanzaban entre las peñas y los matorrales, callados, silenciosos, acercándose poco a poco a la pareja de cristianos que llevaban a las mulas del ronzal, pues no tenían prisa por llegar a la villa, sabiendo que no les alcanzaría la noche en su viaje.

 

        


No contaban los mahometanos que a veces, los animales están más advertidos que los humanos, y Manuel, pues era él uno de los caminantes, se percató de que su mula ponía la orejas tiesas y las movía a derecha e izquierda, como aventando algo extraño. Paró un momento en su andadura, se giró mirando el camino que habían dejado atrás pero no advirtió nada extraño, así que continuaron la marcha, pero al poco la otra mula relinchó y estiró las orejas tratando de acelerar el paso.

 

Ante estas señales, Manuel puso más atención en su vigilancia y por si acaso, le dijo a su acompañante – Aprovechando que las alforjas están vacías, montemos en los animales y apretemos el paso, pues me barrunto algo extraño, como las acémilas-

 

Así lo hicieron y en ese momento, cuando los mahometanos vieron que montaban los animales y les arreaban, salieron de sus escondrijos y corriendo intentaron alcanzarlos, cosa prácticamente imposible pues las bestias estaban descansadas y al oír el griterío corrían como alma que lleva el diablo.


 

Una de las veces que giro la cabeza hacia atrás para ver como ganaban ventaja, Manuel vio un cuerpo que le era familiar, fijándose en su cara, que aunque iba semioculta por un turbante si le pareció  advertir que era un conocido converso de la villa, el albañil, ¡era Ahmed! Cuando llegara a la villa avisaría a las autoridades. Tenía razón su amigo en advertirle sobre  este traidor.

 

Como era él el que llevaba el mensaje del prior para el rey, en cuanto perdieron de vista a los mahometanos, le dijo a su acompañante, que era un buen conocedor del terreno, que diese la vuelta y por otro camino, aunque fuese a través de la maleza, se dirigiese rápidamente al cenobio, y avisase a los monjes y aparceros que allí se hallaban, de que había una partida de berberiscos en las inmediaciones, que se cuidasen y se pusiesen a buen resguardo, que por muy rápidos que fuesen los moros, él con la mula iría mucho más ligero y avisaría a tiempo.

 


 Al poco tiempo de conquistar la ciudad de Cartagena, el infante Don Alfonso había nombrado gobernador del castillo que pensaba reconstruir a uno de los alféreces que le acompañaron en la conquista. El señor de Ripoll, aragonés él, era uno de ellos, y al mismo tiempo nombró varios regidores de entre los caballeros que le acompañaban. Estos se habían encargado de nombrar a algunos de los habitantes de la ciudad como ayudantes suyos mientras se hacían con las costumbres y modos, ya que en la ciudad o villa, aún se conservaban muchas de las costumbres visigodas que habían ido transformándose en costumbres andalusíes y al final eran una mezcolanza entre los usos que quedaba de lo antiguo y los nuevos hábitos impuestos por los mahometanos, así que la villa era una mezcla de idiomas, de romance castellano y árabe.

Muchos de estos árabes, eran ahora conversos, pero poco de fiar, como le comentó Manuel al gobernador del castillo al llegar a la ciudad.

 El señor de Ripoll, en ausencia del rey, enseguida notificó a doña Violante, la reina, de la traición ocurrida a la expedición. Se  decidió poner atención extrema en estos personajes que jugaban a dos bandas y tomar como ayudantes únicamente a los habitantes más fiables de la villa, para descubrir a los farsantes.

En ausencia del rey, le fue entregada a la reina la carta que portaba Manuel, como encargo del Prior del monasterio.


Doña Violante, una vez en el salón de audiencias, ordenó al gobernador del castillo de que diera lectura a dicha carta, y este comenzó a leer:

 

                              

 

                      A vos Majestad,

          

                Me dirijo humildemente a vos, mi señor Don Alfonso, rey de Castilla, e Toledo, de León e de Gallizia, de Sevilla, de Córdova, de Murcia e de Jaén. Para pediros nos sea otorgado por vos en vuestra real sabiduría, a estos humildes ermitaños Agustinos del Monasterio de La Jara, otro lugar más cercano a la villa, para poder instalarnos, pues en estos parajes las razzias berberiscas no dejan medrar los huertos y los campesinos huyen despavoridos, quedando nuestro mantenimiento muy mal parado, al ser nuestra orden mendicante y no tener más sustento que el que nos otorgan los fieles y la propia naturaleza del huerto, que esta tan mermado por los ataques y robos de los indeseables piratas.

                      Como Prior de esta comunidad de Agustinos ermitaños, rogamos a vos, Majestad, podamos ser trasladados al lugar llamado “La Fuente Santa” a las afueras de la villa y allí poder trasladar el convento Agustino, bajo la advocación de San Juan.

                     Esta comunidad espera que vos Majestad, nos otorguéis la  gracia de este privilegio.

             

                     Dios guarde a su Majestad por muchos años.

                                Vuestro servidor.  Fray Pero

                                    Prior de La Jara.,

 

 

 

 La reina, escuchó con atención la solicitud de los frailes Agustinos….

 

 

 

 

ACLARACION DE LA AUTORA:

Si me he decidido a escribir sobre este tema tan cartagenero, como es la obra que dejó el monarca Alfonso X El Sabio, en nuestra tierra, ha sido por hacer por mi parte un pequeño y humilde homenaje a dicho rey, tan importante en nuestra historia de España y porque en el presente año en el que nos encontramos se cumplen 800 años de su nacimiento, (1.221-2.021). Soy una gran admiradora de la vida y obra de Alfonso X y su tiempo.

 

jueves, 20 de mayo de 2021

EL CASTILLO (Siglo XIII Cartagena)

 

    
 


Las brumas de la noche, ascendían  lentamente hacia el castillo más alto de toda la ciudad. Sobre las oscuras aguas del puerto, se deslizaba esa espesa nube, trepando por la colina y ocultando a la vista, las altas torres. Cada vez, la neblina surgía más espesa, y poco a poco cubrió completamente la cima del monte de la Concepción, donde se encontraba la fortaleza y las construcciones aledañas del servicio del propio castillo. Cualquiera que observara esta visión, podría decir que aquello, era una señal fantasmagórica. Quizás, algún espíritu atormentado de entre esos muros, estuviera propiciando esa inexplicable y densa niebla. Eso  pensarían los habitantes de las pequeñas casuchas, que en la falda de la colina, poblaban la reducida urbe.

Entre esos míseros pobladores de la ladera norte del cerro, existía la creencia ancestral de que las noches en que se producía ese fenómeno de la espesa niebla, boria…, lo llamaban ellos, ocurrían cosas muy raras en el interior del castillo. Hablaban de sonidos  extraños, ruidos que venían de las mazmorras de la fortaleza. Teniendo en cuenta que aquel castillo había sido antes alcazaba de los moros, las gentes del pueblo, podían imaginar cualquier cosa sobrenatural. Esas noches de niebla, se habían escuchado gritos terroríficos, al menos eso contaban ellos, en alguna de las torres del castillo y que se podían escuchar en toda la villa.

 


Ese desagradable sonido, hacía presagiar algo nefasto. Siempre que esto ocurría, al día siguiente se daban cuenta de que había desaparecido algún joven de la villa.

Otras veces, aparecían los campos destrozados, o desaparecida parte de las provisiones de las reservas de la población. Esa noche no se había escuchado, pese a la densa niebla que ascendía por la ladera sur desde el mar, ningún grito, ni golpes entrecruzados de metales, así que los pobladores de ese barrio,  respiraban con cierta tranquilidad.


 Manuel, no obstante, se había preparado para cualquier percance que pudiera  ocurrir, y tenía a mano una vieja espada que había heredado de su padre. Dormía con un ojo abierto, pues era el único varón que vivía en esa casucha que se apoyaba sobre la muralla de la fortaleza, donde además residían su madre y su hermana. Su madre, había enviudado demasiado joven, recién nacida su hermana Lucinda, cuando él tenía 8 años. Ella se había encargado de mantenerlos y criarlos a los dos hasta que aquel niño, se hizo mayor y pudo comenzar a llevar alguna moneda a casa, merced a hacer pequeños trabajos a los vecinos, recados, ayudarles en cualquier trabajo manual y más por pena que por otra cosa, le daban una moneda de poco valor o un trozo de pan, que el chico devoraba con avidez pues en su hogar lo que más había era escasez, necesidad y penuria. 


En ese duermevela en el que se encontraba, entre el temor a lo inesperado y la confianza en que no sucediera nada, su pensamiento retrocedió a cuando vivía su padre, cuando cada día, la olla se llenaba con algunas legumbres u hortalizas y de vez en cuando un trozo de tocino e incluso alguna vez, de Pascuas a Ramos, un trozo de cordero, cuando llegaban los ganados de la Mesta (1) y los ganaderos mataban algún cordero en la zona comunal, de la que su padre era el representante del concejo, pero esos tiempos habían pasado y desde que murió su padre se había acrecentado el temor a estos fenómenos tan extraños.

 

El rey Alfonso,  por esos días, había decidido pasar  un tiempo en la ciudad y se alojaba en el mismo castillo reconstruido por él a partir de la base de la antigua alcazaba mora. Sus aposentos eran austeros, pero se sentía a gusto entre esos muros del último reducto conquistado a los musulmanes para Castilla por las tierras de levante y su mayor interés, era vigilar de cerca la construcción del nuevo Monasterio-Catedral de Santa María, y restituir su antiguo obispado. Poner en marcha la “Orden de La Estrella” para “Fechos allende mar”, era otro gran reto para el monarca. No podía evitar sentir una atracción especial por la urbe que en otros siglos había sido una de las más importantes en Hispania, para el Imperio Romano. Admiraba a esa ciudad que fue, y que ahora, reducido su tamaño, más bien se le podía llamar villa,  aunque siempre sería “la ciudad”.



Cargada de tanta historia, consideraba que era la inspiración perfecta para sus futuras intenciones políticas, y es que, el mismo Alfonso, al ser hijo de Beatriz de Suabia, (2) aspiraba con gran ilusión, a ser el emperador del Sacro Imperio Romano- Germánico, heredero de aquel otro gran Imperio Romano. 

 Aquellos proyectos del monarca, fueron una bendición para Manuel, que faltando manos en los trabajos de cantería en la villa, le habían llamado para trabajar en la construcción de la catedral y también, podría hacer algunos trabajos que restaban por terminar en el castillo, sobre todo en la reforma de las torres cristianas, más altas que las de la antigua alcazaba. Esto, supondría  un gran  alivio para las necesidades más perentorias de su casa y su familia.

Pero aquellas nieblas inesperadas, que vez en cuando invadían toda la población, aún le preocupaban, sobre todo desde la inexplicable desaparición de su mejor amigo, Ginés.

 

Continuara…

 

 

 

 

 

 (1) La Mesta. El Concejo de la Mesta, fue creado por Alfonso X el Sabio para los pastores y ganaderos, otorgándoles privilegios y derechos de paso. Fue uno de los gremios más importantes de Europa en la Edad Media.

 

(2) Beatriz de Suabia, casada con Fernando III el Santo, rey de Castilla y de León, madre de Alfonso X el Sabio, hermana de la emperatriz del Sacro Imperio Romano-Germánico y nieta de un emperador Bizantino del siglo XIII.

 

jueves, 13 de mayo de 2021

¿SOMOS FANTASMAS?

 


La noche caía ya sobre la plaza del Ayuntamiento. El Teatro Romano y su museo, acababan de cerrar sus puertas al público en general. Solo algunos guardias de seguridad, recorrían y vigilaban las salas del museo, y  de vez en cuando se asomaban al exterior desde donde se podían ver todas las gradas y el escenario del Teatro.

Después de la primera ronda, descansaban en las habitaciones destinadas para ellos, con cámaras de seguridad, y donde podían echar algún que otro sueñecillo, por turnos, mientras otros observaban las imágenes de esas cámaras.

 

Una puerta de uno de los ascensores, se abre… sola, no hay nadie en su interior. Las escaleras mecánicas están paradas y en el silencio de la noche se escucha perfectamente el ruido que hace la puerta del ascensor al deslizarse mientras se abre. Hay más ascensores, entre los tres pisos que son necesarios subir hasta llegar al pasillo que recorre todos los cimientos de la Catedral de Santa María, y que precisamente, une el museo con el teatro propiamente dicho. Esas ruinas de la catedral están justamente situadas sobre el antiguo yacimiento arqueológico.

Uno de los guardias se acerca a investigar como es que, se ha abierto sola la puerta del ascensor.

-Aquí no hay nadie, será un mal contacto eléctrico- comunica por su transmisor portátil a sus compañeros- De todas formas voy a mirar en el pasadizo de la Catedral.

 

Lo que ven sus ojos le deja paralizado… dos figuras, un hombre y una mujer, vestidos con ropajes romanos y cogidos de la mano, van andando en dirección a la zona del mosaico de la Catedral. No les ve las caras, pues le van dando la espalda,  como si él no estuviera.

Sale corriendo hasta donde están sus compañeros…

-¡Fantasmas! ¡Muchachos, tenemos fantasmas en el museo!

-¡Anda ya! Te lo estas inventando, y esas bromas no nos gustan a estas horas de la noche.

-¡Venir a verlo!, van cogidos de la mano, paseando como si tal cosa.

                         ............... ...........

 

-Genesius, ¿Como hemos llegado hasta aquí? ¿Acaso estamos muertos? 

-No Lucía, no estamos muertos, eso creen ellos, que sí están muertos, pero de miedo. Quiero que conozcas lo que yo conocí antes de volver a tu ciudad romana contigo. He descubierto la manera de poder viajar juntos en el tiempo y poder volver a nuestra casa.

- ¿Pero de verdad no somos fantasmas volviendo a nuestros antiguos dominios? Tengo miedo Genesius, ¡volvamos a casa!

 

-¿No quieres ver el mosaico de la estrella del triclinium de tu antigua domus? ¿O ver como está ahora el teatro?

-¿Y como vamos a volver?

- No te preocupes, en cuanto salgamos por uno de los aditus del teatro, cogidos de la mano, estaremos otra vez en nuestra ciudad.

-¿Estas seguro?

- Si, estoy segurísimo, ya lo he probado otras veces, sin decirte nada. Solo existe una condición indispensable… que esto ocurra durante la noche y el regreso antes del alba… y no somos fantasmas. Si nos pillara la luz del día fuera de nuestra ciudad, no podríamos regresar en muchísimo tiempo y vagaríamos de siglo en siglo, como a mi me pasó en el pasado. Solo de noche podemos hacer esto… ¡como los fantasmas!

 

Quiero que poco a poco vayas viendo a todas las personas que yo conocí y puedas contemplar  los lugares en los que ya estuve.

-Como quieras, pero por hoy regresemos a casa con nuestros hijos.

 

Y así sucedió, la primera vez que fuimos vistos… “los fantasmas de los yacimientos de Cartagena”

 

 

domingo, 30 de diciembre de 2018

EL CAMINO MAS CORTO


Plano de Julian Saez 1912 Cartagena Molinete
La mañana había comenzado con un cielo gris amenazando lluvia y efectivamente camino al restaurante, las diminutas gotas de la incipiente llovizna se convirtieron en presurosos goterones, cuyo sonido sobre mi paraguas hicieron que apretara el paso. No era mucha la distancia que me separaba de mi destino, la celebración de la comida navideña de nuestro grupo tertuliano, pero quería reducir lo antes posible esos metros de adoquines resbaladizos, que auguraban un buen patinazo con consecuencias desastrosas.

La Morería Baja, estaba desierta, pero era el camino más corto hasta el punto de reunión.
Quizás fue el tiempo transcurrido desde que pasé la última vez por esta calle, lo que me hizo repasar con la mirada todo ese margen izquierdo, por donde desciende la ladera oriental de la colina del Molinete. ¡Cuanta historia! La historia acaecida durante siglos y siglos en este cerro cartagenero y cuantos recuerdos cuando esta calle era de las más transitadas del centro de la ciudad, para atajar camino entre la calle de San Fernando y Las Puertas de Murcia.

“El Molinete”, tan habitado antaño, tan palaciego quizás en tiempos de Asdrubal y Anibal, tan visitado también por quienes buscaban placeres más mundanos, tan prohibido a las “niñas” decentes y tan situado en pleno corazón de la urbe.

Como es posible que en el corto espacio de tiempo que duró mi travesía por esta calle, mi mente pudiera evocar tantas y tantas historias e historietas oídas y aprendidas a lo largo de toda mi vida.


La calle de La Morería Baja, (según Federico Casal, 1930) pertenece al tercer distrito, séptimo cuartel y Parroquia de Nuestra Señora del Carmen. Entrase a esta calle por el callejón de Juan Bautista Álvarez (ya no existe el saliente de la manzana de viviendas que daba lugar al callejón) y tiene la salida por la calle San Fernando. Desembocan en ella, por la derecha el callejón de la Tahona (que forma esquina con el local donde se realizó la comida navideña)  y Subida a la Morería Alta (ya no existe) y por la izquierda la calleja de San Antonio y la de Cantarerías (todavía existen)

Esta calle de la que hablamos situada a extramuros de la ciudad en aquel tiempo, fue el paraje a viviendas de moriscos, míseras casuchas de piso bajo en las que solo de día hacían la vida ordinaria, porque de noche la justicia les hacía pernoctar dentro de los muros para evitar que a tales horas, fuesen a las costas a ponerse en comunicación con los piratas de Berbería que tenían en continua alarma a la ciudad. De tales vecinos tomó aquel lugar nombre de Morería.

De vez en cuando, el Concejo concedía sitios para edificar en aquel paraje y en 1592 se hizo al regidor Don Pedro Márquez de Rueda, cesión de un solar situado en la Morería, en el callejón estrecho donde estaban las mancebías.

Después de la expulsión de los berberiscos (1610) la Morería quedo casi deshabitada, pero no tardaron mucho en tener aquellas viviendas moradores moriscos que lograron escapar de la expulsión

A principios del siglo XVIII empezó la urbanización de esta calle, en la que se construyeron muchos edificios pero que no estuvo completa hasta mediados de la centuria  en que quedo unida a la de San Fernando”.

Todas esas calles que antes ocupaban completamente la extensión del cerro del Molinete, han desaparecido, ocupando su lugar el Parque Arqueológico y el Barrio del Foro, yacimientos importantísimos de la Cartagena Romana.

Esas calles, de nombres tan variopintos como… San Cristóbal, San Esteban, de La Cruz, del Paraíso, de San Pedro, de Jesús y María, de la Aurora, de las Doncellas, Tronera, de Los Mudos, de la Pólvora, de Los Gatos, del Pescado, Escaleras, Catalanes, Falsacapa, de La Torre, Borregueros, del Pocíco…

… Al final llegué a mi destino, sin dar un solo resbalón por la calle mojada, pero recordando que todo ese terreno ahora “vacío”, fue en un tiempo “cuna” de la mas añeja historia de Cartagena.

Plano de Jose de Exea de Cartagena 1887 (Zona Molinete) 




lunes, 19 de noviembre de 2018

LAS MVSAS



imagen de la exposicion
LAS MVSAS  de la  poesía...
 Calíope y Terpsícore

Una exposición del  MAN, en Madrid ofrece una muestra de estas pinturas pertenecientes al  Parque Arqueológico del Molinete  de Cartagena, antigua Carthago Nova, y cuya ubicación se sitúa en el Edificio del Atrio.
Estas pinturas serían del siglo I y realizadas por artistas de Italia de la zona del Vesubio. Sin embargo fueron halladas en este edificio del siglo III (218) al que fueron trasladadas desde su posición original, como una antigüedad de la época.
En la mitología griega y romana las musas eran las  inspiradoras de las artes, nueve en total, pero en este caso que nos ocupa hablamos de las pinturas que representan a Calíope y Terpsícore, inspiradoras de los poetas.

 De quien no pasaron las musas, fue de Juan Giménez Martín, pintor del siglo XIX, que acudió a Italia a inspirarse en las antigüedades de Pompeya y Herculano para su cuadro “Tocador de una dama romana”, al gusto del XIX, cuando los objetos del arte antiguo estaban muy demandados en las casas de los ricos. ¿De que hablo? Pues sencillamente de otra exposición que hasta hace poco se realizó también en el Museo Arqueológico Nacional, y es que no hay nada como ir de Museos, donde las “Musas” están tan presentes. La exposición era sobre “Tesoros Eléctricos”. Mas adelante explicaré que es esto.

En el centro de la exposición, este cuadro de Giménez Martín, cedido exclusivamente para esta muestra por el Prado, aunque su ubicación actual es en un despacho del Congreso, ocupaba un espacio importante.
En esta pintura, el pintor refleja fielmente todos esos objetos de la época imperial. Todo lo necesario para la “toilettes” de una dama romana. El cuadro presenta una escena muy sugerente de la habitación y las sirvientas que ayudan a su señora a estar más bella.

Allí, delante de esta pintura, me había quedado detenida en el tiempo. No tenía  palabras, solo eran sensaciones. La belleza de los colores, las formas, toda la escena… las “musas” me habían atrapado totalmente. No se cuanto tiempo pasó hasta que me alejé del cuadro. ¿Sería la luz…el silencio…? Indudablemente al haber poco público, la paz reinante, la penumbra, destacaba la perfección del cuadro, iluminado acertadamente para destacar en el entorno. Pude observar cada detalle en toda su belleza, y  pensé…Solo un ángel podría pintar así, con pinceles sutiles, con colores perfectos, con la luz necesaria, ni más, ni menos. Aquella obra de arte, me extasió. Alrededor de él,  los objetos del “tesoro” antiguo, facsímiles de los auténticos, eran el marco perfecto para  esta obra de arte. Se suponía que era el cuadro el que adornaba la exposición, pero para mí, era justo al revés, ¡la pintura era el centro de todo!

Y finalizo por hoy, pues como dice una canción de Juan Manuel Serrat… Hoy las Musas han pasado de mí… Estarán de vacaciones… Así que tomo un descanso hasta que Calíope y Terpsícore, me devuelvan la inspiración,  pero… ¡continuara!



martes, 6 de noviembre de 2018

UNA CASA MODERNISTA



Hace unos días, una amiga me invito a ver su casa. Situada en pleno centro de Cartagena, antigua zona de máxima categoría de la ciudad hacia principios del siglo XX, era la “zona bien” donde  ricos mineros en plena época modernista edificaban sus casas, casas hermosas y extensas, en las que se empleaban todos los adelantos técnicos de esos años y la última moda en mobiliario y objetos artísticos, además de  ricos materiales en la construcción y decoración.

Acepté su invitación con sumo agrado, pues para mi era un privilegio poder contemplar una vivienda de esas características, conservada a través de los años con tanto esmero por sus habitantes, un matrimonio encantador y amabilísimo.

Estamos acostumbrados en nuestra ciudad a ver cotidianamente esos edificios modernistas, casas-palacios, bellisimos y espectaculares. Nuestra mirada se va sola hacia ellos al pasear por las calles mas céntricas, sin embargo, son pocos los interiores conservados y visitables, así que al entrar a casa de mi amiga y su marido, lo hice con la emoción y la curiosidad de quien va a ver algo excepcional.

Pasando el umbral de la puerta principal, un gran espejo del siglo XIX nos recibe y según su dueña, situado ahí, por su tamaño, al no poder traspasar el segundo umbral o puerta de acceso a lo que realmente es la casa. Un pasillo transversal al primero, nos lleva, a su izquierda, a una sala y distribuidor al mismo tiempo, donde una gran cantidad de cuadros, hermosas fotografías  de mi amiga, cuelgan de sus paredes, al igual que una gran colección de preciosos abanicos antiguos, algunos de ellos curiosísimos, y todos bellamente enmarcados.

La casa esta conservada en todo su aspecto original, suelos preciosos de autentica cerámica de Nolla, que pavimentan cada estancia de diferentes formas y colores. Todos conservados con esmero, pues no hay duda de que su valor y calidad es conocido por nuestra anfitriona. Los especialistas en el tema modernista de nuestra ciudad, desconocían la existencia de esta cerámica en Cartagena  hasta hace muy poquito tiempo.

Al igual que las descripciones que nos hace Pérez Rojas sobre la casa burguesa en Cartagena, en su libro “Cartagena 1874-1936 (Transformación urbana y arquitectura), los dormitorios, se comunican uno tras otro y mediante unos vanos, situados en la parte superior de la pared, se hace pasar la luz y ventilación.

El mobiliario, regio y modernista, herencia sin duda de sus antepasados, bisabuelos, abuelos, padres, e igualmente cuidados con esmero para preservarlos del paso del tiempo. Muchos de los objetos que decoran la vivienda, son herencia venida de Filipinas, pues su bisabuelo materno, ocupó un puesto de gobernador político-militar en dichas islas, falleciendo él y su esposa de cólera muy jóvenes y dejando huérfanos dos niños de corta edad, uno de ellos el  abuelo materno y primer dueño de la casa donde nació y vive nuestra anfitriona.
Esta es una historia verdaderamente curiosa, pues a través de los años, los relatos sobre la vida de los bisabuelos en Filipinas se han ido transmitiendo en su familia como un precioso recuerdo y homenaje a esos antepasados, lejanos en el tiempo, pero cercanos, como una especie de leyenda familiar, y al mismo tiempo de historia de verdaderos héroes nacionales… “Los últimos de Filipinas” o casi, aunque ellos fallecieran unos años antes.
No podría aquí detallar todas las estancias de la casa, pero especialmente una sala me impresionó por su conservación y belleza del mobiliario, y  donde mejor se conserva la preciosa cerámica de Nolla. El tiempo parece haberse detenido en esos años de comienzo del siglo XX. Los adornos, cortinas, cuadros etc. son de un gusto exquisito para esa época y para la nuestra, pues hoy en día pocas viviendas podrían llegar a ese nivel.



Una curiosidad que si puedo contar, es que nuestros anfitriones tienen un gato, precioso por cierto, y llamado Michael, en honor al gran cantante del pop, Michael Jackson, pues mi amiga ha sido y es, una gran admiradora de su música. Así se puede ver que la tradición y la modernidad, que el pop y el modernismo, no están reñidos, porque la calidad, en música, en arte, y en estilo de vida, siempre prevalecerá, aunque pasen cien años.

Muchas gracias por vuestra hospitalidad.



lunes, 25 de junio de 2018

EL VERANO



Comenzó el verano,... más de 90 días y 15 horas de estío nos esperan, que no de hastío.
Estos meses de jornadas calurosas, noches sofocantes y madrugadas de alivio, me recuerdan otros días, otras noches y otras madrugadas. ¿Por que ahora nos parece que es más insoportable el calor?
Nos hemos olvidado del agua fresquita del botijo, de cómo nuestros abuelos se refrescaban en las horas nocturnas sentados a las puertas de sus casas de planta baja, ya fuera en sillas o hamacas y en tertulia con los moradores de las casas colindantes, que también habían sacado sus asientos a la puerta, en busca de fresco y conversación.
Los cuerpos bajaban su temperatura con el relente nocturno y las mentes se relajaban con la conversación intrascendente con los vecinos, dando un repaso al día pasado, o bien hablando de los planes para el  siguiente. La gente se acostaba fresquita y con las ventanas abiertas de los dormitorios, y en la mesita de noche, algún ramito de jazmines para ahuyentar los mosquitos. No había ningún riesgo de que nadie rompiera o asaltara su descanso. Eran otros tiempos…
Durante el día, en las horas más tórridas, se salía poco a la calle, solo lo imprescindible para algún recado imprevisto, porque las compras del ama de casa se hacían lo más temprano posible, “con la fresca mañanera”
La casa, después de ventilada, se refrescaba con un fregadito al suelo y se cerraban al sol ventanas y puertas, dejando solo el resquicio oportuno por donde poder hacer entrar un poco de corriente de aire. Eran otros tiempos…
La hora de la comida se solucionaba con un buen gazpacho, una buena tortillita de patatas y una hermosa tajada de sandia con sus pepitas y todo. Se podía cambiar el menú, pero sin complicarse la vida, ensaladas… algún arrocito… o algún estupendo frito, ya fuera de pescado o de carne. ..¡¡Os aseguro que la gente no tenía colesterol!! Ni se sabía que era eso. Eran otros tiempos…
Si alguna buena costumbre no se ha perdido, es la de la siesta. Pero lo más importante… nadie tenía prisa, el silencio reinante a esas horas, te relajaba y adormilaba dulcemente. ¡El silencio! ¿No echáis de menos el silencio?
Ahora, para quitarnos el calor, nos vamos a la playa a “refrescarnos” con el bañito en las horas que más calienta el sol… luego de “refrescarnos” volvemos a casa con todo el caneo del centro del día, con lo cual llegas igual o más  calurosa y sigues teniendo calor aunque te duches. Y como se tiene mas calor… o abres más las ventanas (con lo cual entra más calor) o cierras y te pones el aire acondicionado… ¡Ay que me duele la garganta!
Como no ha habido tiempo de preparar la comida,… niños ¿queréis una hamburguesa, o pido unas pizzas?
La siesta corta, ¡pero ruidosa! Los coches no paran en la carretera y aquel vecino impertinente esta viendo la tele para Orejuela del Sordete, así que, ¡venga! hay que volver a la playa, a calentarnos un poquito más. Eso si, se nota que los tiempos han cambiado en que la gente no vuelve de la playa hasta que es casi de noche, pero no por eso hemos bajado el agobio del calor… y ¡venga!.. otra ducha y un bocadillo rápido que nos vamos a dar un paseo… o sea… cuando caes en la cama, ¡estas rendido! Y mañana vuelta a empezar. Al acabar el verano, necesitas otras vacaciones para descansar del verano, del stress, y del calor,…por lo cual, se deduce, que aquí nos pueden dar las uvas esperando que llegue el fresco.
Son otros tiempos…
¡Que tengamos un feliz verano!